
Resulta difícil escribir sobre la vida de Julio César sin contar cosas que otros han dicho previamente con mayor extensión y rigor. En este sentido remito al lector a otro artículo de este blog “Nihil novum sub sole” donde abordaba esta temática y las consideraciones a tener en cuenta por cualquier divulgador. No cabe duda que César es un personaje fascinante y ya en su propia época era tan temido y odiado por sus enemigos, como querido y alabado por sus amigos, clientes y simpatizantes. Hombre culto y de gran inteligencia, dominaba la oratoria y el género epistolar (las redes sociales de la época) que en pocas ocasiones iban dirigidos exclusivamente al destinatario de las cartas y que le crearon una enorme fama a través de la entrega por capítulos de sus hazañas militares y más frecuentemente de la de sus subordinados. De bello Gallico (La guerra de las Galias) se nutre de informes periódicos al Senado de su campañas militares en la Galia, probablemente recopilados y publicados en el año 51. La mayor parte de lo que hoy conocemos de su vida proviene de los escritos de autores como Suetonio, Plutarco, Veleyo Patérculo o Eutropio además de sus propias obras, aunque hay un cierto consenso en que una parte de Commentarii de bello civili (Comentarios de la guerra civil) la escribieron algunos de sus seguidores. En cualquier caso dejó un legado documental inmenso que sus sucesores en la púrpura imperial supieron aprovechar.
Con Julio César siempre surge la misma pregunta ¿Qué hubiese pasado si César no hubiese sido asesinado? ¿Hubiese seguido existiendo la república o bien el imperio era inevitable para sus sucesores? ¿El flujo de la historia y su evolución obedece a reglas sociales multifactoriales con independencia de las acciones individuales o la intervención de personajes singulares como Alejandro Magno, Napoleón o el propio César son determinantes en el curso de la historia?
Llegados a este punto me viene a la memoria el famoso escritor Isaac Asimov conocido por ser un prolífico autor de obras de ciencia ficción, historia y divulgación científica. En su obra más famosa, la Saga de libros de la Fundación, nos presenta a uno de sus personajes principales, Hari Sheldon un matemático que desarrolla una nueva ciencia aplicada: la Psicohistoria, que estudia las reacciones de los conglomerados humanos ante determinados estímulos sociales y económicos con capacidad para predecir acontecimientos en el futuro. Paradójicamente, aunque bajo esa teoría los individuos no son importantes, la mayoría de sus historias se resuelven por la actuación audaz de determinados héroes y heroínas que terminan cambiando el rumbo de la Historia, no sin un cierto componente “Deus ex machina”.
Pero centrémonos de nuevo en Julio César y los acontecimientos previos a su asesinato.
El primer triunvirato de Roma y el Convenio de Luca
El Primer Triunvirato es el nombre con el que se conoce a la alianza no oficial e inicialmente secreta que formaron Cneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso para obtener beneficios políticos para los tres aunando sus fuerzas bajo el principio de plena igualdad de oportunidades. Esta alianza, duró desde el 60 a. C. hasta el 53 a. C.
A largo plazo César fue el más beneficiado, aunque inicialmente no lo pareciese y cuando sus enemigos del partido de los optimates se unieron creando un clima adverso en su ausencia de Roma, César convocó a sus dos colegas a una conferencia en Luca su residencia de invierno el 15 de abril del año 56 a.C ya que durante su mandato como procónsul de las Galias no podía abandonar su provincia sin renunciar a su imperium.
Bustos de Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso
De esa reunión saldrían diversos acuerdos que se plasmarían en un segundo consulado de Pompeyo y Craso para el año siguiente, que finalmente obtendrían, y posteriormente la lex Trebonia que otorgaría imperio proconsular a Pompeyo en Hispania y la Lex Licinia para Craso en Siria. A cambio se aprobaría la Lex Licinia Pompeia concediendo a César una prórroga de cinco años en su mandato como procónsul en las Galias.
A pesar de que no queda claro en los textos de Plutarco y Apiano algunos historiadores como Jérôme Carcopino, Guglielmo Ferrero o Theodor Mommsen (ver bibliografía) opinan que César convenció a Craso para emprender una guerra contra los partos cuando tuviese imperium proconsular en Siria y emulase sus victorias en las Galias. Algunos detractores de esta teoría opinan que la carta de felicitación de César a Craso por su nombramiento desde las Galias (Plutarco, Vida Craso, XVI) descartaría esta teoría, pero personalmente entiendo que no son incompatibles y desde luego ya había un clima pro belicista entre los más de doscientos senadores que acudieron a la conferencia de Luca.
Reparto de Luca. Fuente: Wikipedia.
No entraré en mayores destalles sobre los acontecimientos ocurridos desde este acuerdo que propiciaron la guerra civil y la dictadura de César, aunque básicamente la muerte de Julia, la hija de César casada con Pompeyo y la terrible derrota de Craso en la batalla contra los partos en Carras (Carrhae), que le costó la vida y la de su hijo, rompieron en pedazos la alianza y allanaron el camino para que los optimates atrajesen a Pompeyo a sus filas y originasen los acontecimientos posteriores que terminaron con la muerte de Pompeyo en Egipto, tras la derrota de Farsalia.
La derrota de Carras y las guerras Párticas
La derrota que sufrió Craso en Carras frente al general parto Surena fue una de las más terribles que había sufrido el ejército romano hasta entonces y produjo una conmoción en la sociedad romana por la muerte de 20.000 hombres y la perdida simbólica de las águilas, el estandarte de las legiones. Lo supervivientes, cerca de 10.000 legionarios comandados por Cayo Casio Longino (uno de los asesinos de César) se encargaron de difundir los errores que había cometido Craso, incluida la traición de sus aliados y que condujeron a la derrota. Sin duda es una de las batallas más conocidas y documentadas de la antigüedad, en la que tuvieron un gran protagonismo la caballería ligera con sus arcos compuestos y la caballería pesada, los catafractas con sus armaduras inexpugnables, cuyas cargas sembraban el terror entre su enemigos y por supuesto la inteligente estrategia de acoso continuo del general parto Surena.
Jinete con arco compuesto realizando el “tiro parto”
Plato sasánida con arquero. Museo Arqueológico de Teherán
Sin duda, César conocedor de los detalles de la batalla, tomó buena nota de los errores cometidos y plasmó las soluciones en documentos preparatorios de una futura campaña, destacando algunos aspectos:
-La guerra contra los partos debía realizarse en varias campañas conquistando previamente los reinos satélites de éstos.
-Aumento de las fuerzas de caballería y mayor presencia de arcos y flechas con puntas capaces de penetrar en las armaduras.
-Reforzamiento de los escudos de madera para soportar las potentes flechas de los arcos compuestos.
-Aumento significativo de la artillería (escorpiones, balistas y carrobalistas)
-Control permanente de las líneas de suministro y de las bases donde iniciar las campañas.
Sabemos por fuentes históricas que la documentación de César preparatoria de la invasión de Partia llegó a manos de al menos Marco Antonio y Trajano, de manera que la mayoría de estas consideraciones fueron tenidas en cuenta, en mayor o menor medida, en las guerras posteriores que Roma tuvo con el Imperio Parto: la primera, la campaña de Marco Antonio (40-33 a. C.) con desigual resultado por la inconstancia del general; la de Trajano (114-117 d. C.) seguramente la más exitosa, a la que siguieron sucesivamente la campaña de Marco Aurelio (161-166 d. C.); la de Septimio Severo (195-198 d. C.) y finalmente la de Caracalla (216-217).
Los planes de Julio César
César murió asesinado el 15 de marzo del año 44 a.C en el Teatro de Pompeyo donde se ubicaba la curia. La mayor parte de lo que conocemos de su muerte y de los dos años previos a la misma proviene del relato de Plutarco, Suetonio y Eutropio.
El asesinato de Julio César. William Holmes Sullivan. Dominio Público
Julio César mantuvo una actividad incesante desde que llegó victorioso a Roma en el año 46 y excepto el intervalo de la victoria en Munda (Hispania) sobre los hijos de Pompeyo, permaneció en la capital de la República donde celebró sus triunfos con varios desfiles y unas celebraciones sin precedentes por su magnitud y duración, que incluían combates de gladiadores, naumaquias, juegos en el circo y comedias. En estos dos años emprendió numerosos proyectos de reforma de los edificios públicos de Roma y creó otros muchos nuevos como el Foro Julio o Foro de César. Sabemos asimismo que se redactó el proyecto de construcción del puerto de Ostia, que años después retomó el emperador Claudio basándose en la idea inicial de César. Suetonio (Vida.César, 44) nos cuenta que antes de su muerte tenía en proyecto:
-La construcción de un templo a Marte.
-La construcción de un teatro gigantesco al pie de la Roca Tarpeya.
-Una amplia reforma legal que refundiese la legislación civil en un corpus sistematizado.
-La creación de numerosas bibliotecas públicas griegas y latinas con el encargo a Marco Terencio Varrón de adquirir y clasificar los libros.
-Se proponía secar las lagunas Pontinas, abrir salida a las aguas del lago Fucino, construir un camino desde el mar Adriático hasta el Tíber, a través de los Apeninos y abrir el istmo de Corinto.
Sobre las campañas militares que Julio César tenía pensado emprender conocemos algunos detalles por los relatos de Plutarco (César,58) , Dión Casio (H.R. XLIII.51,1), Apiano (H.R. XIV, 11,110) y Cicerón (cartas a Atico XIII,31,3)
César, poco antes de su muerte, había proyectado dos campañas militares: una contra el reino dacio de Burebistas por su apoyo a Pompeyo en la batalla de Farsalia y otra contra el Imperio parto de Orodes II. César tenía motivos suficientes para emprender la guerra contra los partos con independencia de los motivos de carácter personal por la muerte de su amigo y colega Craso y por los de carácter religioso y patriótico de recuperar las águilas perdidas en Carras. En definitiva la mayor industria de Roma era la guerra y con el inmenso botín parto que esperaba obtener podría realizar las muchas reformas que tenía en mente para Roma. No olvidemos que Cesar se había hecho inmensamente rico en la guerra de las Galias tan solo con la venta de casi un millón de esclavos galos, lo que le permitió ser muy generoso con el pueblo romano cuando celebró su victoria.
Con más de noventa mil hombres esperándole en Iliria, Julio Cesar tenía prevista una larga ausencia de Roma y paradójicamente estaba previsto el inicio de la campaña contra los partos tres días después de los idus de marzo, fecha en que la parca con ayuda de los conspiradores truncó sus planes y el curso de la Historia.
Bibliografía y Webgrafía
Plutarco. Vida de César, Craso, Pompeyo
Dión Casio. Historia de Roma. XLIII, 51
Apiano. Historia de Roma, XIV, II
Cicerón. Cartas a Atico. XIII, 31
Ferrero,Guglielmo. Grandeza y decadencia de Roma ; Historia de Roma
Carcopino, Jerôme Julio César ; El proceso cásico de la concentración de poder
Mommsen, Theodor. Historia de Roma
https://es.wikipedia.org/wiki/Convenio_de_Lucca
https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_C%C3%A9sar
Interesante artículo. Una pena que esos planes no se pudieran llevar a cabo.
Precisamente estoy con la lectura del libro “Julio Cesar en Hispania”, de Miguel Ángel Novillo López, para inmediatamente hacer una recensión de dicho libro, necesaria para entregarla como trabajo, en este curso, de la asignatura Historia Antigua de España I, en la Uned.
Los datos de este artículo de HYA, me vienen bien. Grande! Julio César.
Gracias Antonio. Espero que te sirva la bibliografia que adjunto en el post